REFLEXIONES PARA SOLUCION DE CONFLICTOS

En toda cuestión crítica siempre hay tres caminos: A) el que nosotros queremos, B) el que quieren los otros y C) el que debe ser.

El camino “A” está representado tanto por una situación pactada en el pasado de manera consciente o asumida como tal de manera inconsciente, supuesta o tácita, y/o por nuevos parámetros nacidos a partir del quiebre o inconsistencia de dicho camino.  El éxito de nuestra gestión conciliadora se circunscribe a la mayor y más rápida comprensión  del camino “C” y el  modo de adaptarnos desde nuestra posición “A”

Toda negociación humana para ser exitosa debe beneficiar a ambas partes litigantes A y B, de lo contrario será rechazada por la parte afectada.

El ideal “A” deja de ser una realidad cuando surge algún problema que lo vuelve inestable  y es inteligente entender entonces que aquel primer ideal  ya no es, que ya no existe por más que lo quisiéramos y que debe recrearse  una nueva opción, esta será una copia mejorada  de “A” y la llamaremos  “A1,” esto es, una nueva opción similar o parecida a la que fue, pero por ninguna razón puede ser la misma.

¿Por qué? Porque los litigantes tampoco ya son los mismos y desde mucho antes que se produjera aquel impase o conflicto y es precisamente en el cambio de uno o de ambos, la causa por la que se presentó el conflicto.  En consecuencia, el camino ”A” ya dejó de ser una opción y fueron sus límites  lo que configuró el conflicto, porque ese camino ya no satisface a una o a ninguna de las partes. Muchas veces la relación se conserva por costumbre y los lazos de antaño se convierten, realmente, en ataduras molestosas. Hay momentos cuando la quebrada realidad se manifiesta más, en  especial cuando surgen nuevas motivaciones o razones que vienen compensando casi imperceptiblemente la ausencia o desbalance producido por el quiebre de la proposición “A”.

Los cambios o modificaciones en las partes es producto de una evolución en ellos. Cuando surgió el camino “A” ambos convinieron en ello porque sus necesidades se satisfacían en ella. Más cuando con el correr de los años y de la experiencia de vida los individuos cambian y no precisamente en la misma medida, entonces se produce una inarmonía que torna insostenible la antigua propuesta “A”, porque ella ya no responde a sus nuevos ideales  y/o necesidades. Es inteligente y maduro aceptar este hecho porque es real. No debe verse en ello disimulo o engaño ni tampoco verse afectado por una corriente engañosa de auto estima deficiente.

Todo cambio de rutina genera malestar y hasta dolor, pero es precisamente por eso , por el cambio de hábitos y no por la ausencia de algo o de alguno, sino por la modificación del hábito de existencia. Los hábitos de conducta generan una rutina que se asocia como COSTUMBRE y se confunde con lo Principal o importante, no siendo más que lo habitual y Urgente, lo consuetudinario. Y es por esa fuerza de urgencia que se responde de manera emocional, impensada e inconsciente, asumiendo que el dolor es motivado por la pérdida de algo o de alguno, sin reparar que lo único que está afectado la relación es la rutina ya inconsistente y el recuerdo de un pasado que dejo de ser, que ya no existe y por no estar atento o despierto, no se llega a comprende que ese dolor que siente es sólo el peso del recuerdo de una propuesta que ya no es, ni puede ser realidad.

Dr. JAVIER AGÜERO VEGA

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